jueves, 14 de junio de 2007

¿POLÍTICA DE COMUNICACIÓN O COMUNICACIÓN ALTERNATIVA?

Oswaldo Capriles

1. Comunicación alternativa, comunicación horizontal, uso alternativo de los medios, comunicación participante:
¿Cuál es el paradigma?

1. No hay duda de que el tema de "otra comunicación" es una constante de nuestro tiempo, tanto en los países altamente industrializados -en los que, con frecuencia, la cuestión adquiere ribetes más psicológico-existenciales, desde la dinámica de grupos hasta la metafísica Bermaniana- como en los países dependientes, en los que la creciente conciencia de la sujeción global de un modo de vida impuesto y reafirmado constantemente por las potencias de la difusión masiva -empresa privada nacional-transnacional- ha sido claramente el problema en una dimensión más crítica, más "macro" y por ello política. La polémica contra el modo dominante de transmisión-recepción de signos -difusión masiva, que no "comunicación"- de masas- nace con el cuestionamiento de las teorías de la modernización, también -y no por casualidad- "difusionistas" primero en el contexto una recusación pragmático por s incapacidad pa5ra ofrecer otra cosa que una legitimación a la incesante incorporación de tecnologías y técnicas de extensión, entrenamiento y formación en el cuadro más serio de una comprensión de la infuncionalidad misma del modelo de desarrollo en términos de ofrecer una mayor suma felicidad a los pueblos; finalmente, en la conciencia de la estructura del poder que se reproduce en y por la comunicación, convirtiendo todo en espectáculo "comunicativo" soslayando lo realmente político, fuera del campo de la intervención social real y politizando en cambio, de mala y triste manera, todo lo social, haciendo consenso si no del conflicto, por lo menos acerca del conflicto, y por ello estableciendo en rutina la resolución simbólica de las contradicciones sociales.
Pero los malentendidos aparecen desde el comienzo: primero, la confusión, deliberada, insistente, didáctica, entre comunicación alternativa -en tanto que paradigma de una "nueva" u "otra" comunicación- y uso alternativo de medios masivos de difusión; o bien identificación de la nueva utopía con el uso de artefactos electrónicos de reproducción de signos e imágenes o de instrucción programada. Luego, la propia izquierda contestataria se ocupó de enseñorear con frecuencia a los medios propios de la cogitación -cine de denuncia, agitación o protesta, prensa revolucionaria, radio clandestina, etc- como la alternativa: medios pobres, estética de la violencia, carácter portátil, espontáneo, búsqueda de participación del espectador, cuestionamiento de las mediaciones, rescate de una cultura popular y desesperada pesquisa en pro de un "lenguaje" propio para la revolución. Por cierto, ricas experiencias y aún más rico material de estudio. En el campo educativo es donde primero revienta la angustia: las experiencias más avanzadas terminaron por revelar al aparato educativo su propia condición -análoga a la de los medios de difusión en otro registro de especifidad- de aparato manipulador y ello como condición de eficacia para su función reproductora de las clases y sus revelaciones. El volcamiento de lo educativo hacia lo comunicacional revela desde luego esa angustiosa aproximación des- de la década de los cincuenta. (1) Por su lado, la contestación a la "massmediatización" adquiere su mayor intensidad, esta vez de índole más radical, con las rebeliones estudiantiles y culturales de fines de los sesenta. (2)
2. La "otra" comunicación, la de verdad, el paradigma intuído, se comienza a definir en bajo relieve por contraposición al modelo autoritario manipulador de la massmediatización publicitaria y también de la propaganda "política", y frente a las estructuras piramidales de agrupación y control burocráticos de los medios y procesos, fuesen éstos de propiedad privada o de manejo público exclusivista. El modelo nace como una ética de la interrelación, como la prefiguración de una democracia primigenia, necesaria y anterior a aquella que se manifestaría por la toma de decisiones por todos y la asignación para todos de los bienes y beneficios sociales: SERIA LA CONDITIO SINE QUA NON de todas las democracias posibles: el diálogo permanente, la participación a la vez espontánea y pertinente, nunca arbitraria ni condicionada, generadora de decisiones colectivos y de socialización de la producción y sus frutos.
Los trabajos y las experiencias en el campo educativo y de extensión, especialmente rural, basados en la tesis del flujo en dos etapas propia del difusionismo -la comunicación interpersonal que "amplifica y difunde" la acción de los medios- fundaron un primer tipo de pretendida comunicación "horizontal" que a veces se designaba como "usa alternativo" de medios o "comunicación alternativo". Los elementos de oposición al sistema difusivo dominante eran en estos casos: un uso educativo predominante; la búsqueda de una adaptación de la extensión a las necesidades reales de las comunidades; la búsqueda de un lenguaje sencillo y eficaz; el intento de fundar una relación de feed-back que permitiría ir reorientando el programa y acercándose al público. La participación limitada no dejaba, sin embargo, de plantear problemas y polémicas a lo largo de tales experiencias, impulsando a veces avances en lo relativo al control mismo del programa, de los medios usados y en cuanto a la toma de decisiones al interior de los propios procesos. (3) En los países socialistas se siguieron con más éxito en cuanto a efectividad experiencias combinadas de medio-comunicación interpersonal- investigación-estudio, combinación presidida y contextualizada por una concepción política de estímulo a la incorporación de sectores y grupos sociales específicos. Grandes movilizaciones nacionales caracterizan muchas de estas experiencias, de las cuales sería ejemplo la campaña alfabetizadora de Cuba durante el año 1961. No puede negarse que, al menos en los usos educativos de procesos y medios de comunicación, el campo socialista ha obtenido sustanciales éxitos y un fuerte nivel de participación -aún sin otorgar a esa palabra todo su potencial dialógico y espontáneo- muy lejos de las en general pobres realizaciones logrados en países capitalistas, aún los más "avanzados". De igual manera, los medios institucionalizados de carácter masivo intentando superar por la vía de los contenidos "culturizantes", informativos y educativos, su manifiesta incapacidad estructural para generar participación popular derivado de su carácter masivo, sirviendo más bien, en dichos países, como una "segunda línea" de ataque reforzador para el aparato educativo.
La tendencia crítica que comienza a propugnar las políticas de comunicación, desde las reuniones de Paris y Bogotá en los primeros años de la década del 70 hasta su culminación oficial en la Conferencia de Ministros de San José de Costa Rica, ofrece al tema que nos ocupa un valioso intento de conceptualización, aún dentro de un contexto burocrático-planificador; la díada dialéctica acceso-participación, que va a servir para conectar el camino de las políticas con la vía alterna de los ensayos en marcha -algunos oficiales,'otros oficiosos, la mayoría contestatarios- dirigidos a la búsqueda de mecanismos y métodos concretos de "otra" comunicación.
3. Pero esa otra comunicación se disgrega, subdivide o confunde en multitud de apelativos que semantizan diversas experiencias o proyectos, muchas veces repitiendo la mismo, otras con leves matices diferenciales, las más de las veces con una grave tendencia a la confusión de medios, objetivos y procesos. Convendría ofrecer pues una definición provisional y genérica de alternativa comunicacional que sirva de paradigma aún tentativo para la discusión desde nuestro punto de vista.
Algunos caracteres pueden asignarse genéricamente a esa "paradigma".
a) Se trata de establecer una interrelación dialógica, lo que implica un modelo cuya morfología relacional es la igualdad de intervención de los participantes, la posibilidad permanente y factual de reversibilidad de los polos emisión-recepción, (posibilidad que para ser real debe fundarse en ciertas reglas del intercambio, no del todo fáciles a establecer para los grupos más allá de ciertas magnitudes, o para la revisión de todas las relaciones no reductibles al modelo y por tanto, algún tipo de enfrentamiento con los modos de difusión dominantes, o con los modos de comunicación patológica o anómala que tienden a plantear seudo-diálogos o falsa participación. No se olvide que es un modelo ético.
b) Para que ese otro modelo se legitime plenamente, es necesario que se comunique sobre todo. Al menos sobre todo lo que reviste interés social o comunitario. De allí le pretensión exhaustiva y globalizante del modelo a que se hizo alusión en el párrafo anterior. Solo sería simulación si el modelo no estuviera al servicio de la discusión y manejo o (toma de decisiones) de los asuntos comunitarios y sociales. Y precisamente, muchas experiencias autotituladas alternativas son solo eso; simulación participación (dinámica de grupos) o, peor aún, simulación de la relación massmediática (experiencias afincadas exclusivamente sobre el uso de técnico "ligeras" en micro medios sociales). En todo aso, se trata de la dimensión social dada por lo comunicado. Se trata del sentido de la producción, circulación y recreación del sentido, y ese sentido que tiene tal producción, tal circulación y tal recreación es el sentído político de la existencia social, en su más puro sentido, valgan las aparentes redundancias.
c) Pero un modelo de comunicación alternativo (o verdadero) si recoge en su formulación el aquí y el ahora de la existencia social, debe afrontar la existencia de las grandes redes institucionalizados de difusión o de intercomunicación, con su componente técnico predominante, con su carácter burocrático, sus problemas de organización, su impacto social eventual, y su morfología relacional predominantemente unidireccional, no dialógica, en principio intransitiva y antidemocrática. Desde luego que, entonces, el primer reflejo es constituir esa "otra" comunicación al margen de los procesos dominantes, al margen de lo oficial, incluso del Estado (y a veces especialmente al margen -lo más clandestino posible-del Estado, soriesgo de perder la vida). En todo caso, el movimiento primigenio se dirige a establecer un aquí y un ahora diferente, lateral, un antisistema o un conjunto de unidades distintas y opuestas a las redes predominantes. Esta oposición y esta marginalidad se manifiesta por la búsqueda de contenidos diferentes, de una captación de la misma masa, pero en su función no masiva, sino grupal y activa, y también de una oposición política -en general radical al sistema económico-político que obliga a un intento constante de concientización o desfetichización por la vía de la acción participativa.
d) Más allá del establecimiento marginal, a veces subrepticio, de alternativas comunicacionales -intento permanentemente repetido en diversísimos niveles y ámbitos sociales en América latino desde los años 40 (nos referimos a alternativas conscientes) la confluencia del movimiento propugnador del establecimiento de políticas, al insertarse en la revisión teórica de estos esfuerzos, obligó a mirar a los aparatos dominantes de la difusión como posibles objetivos de la acción "alternativo" a partir de una política que asegurase la participación de los ciudadanos en el manejo de los mismos. Así, no se trata ya de buscar alternativas en un solo cambio de uso-finalidad de los medios, ni de rodear a éstos de un sistema de apoyo foral o interpersonal, sino de replantear el uso social general del aparato hasta ahora manipulador. Así se trataría de establecer el equilibrio acceso-participación que asegure igualdad pero intervención de todos en las decisiones acerca de la existencia mismo, utilización, organización y programación de los medios que se consideren necesarios o útiles dentro de una política definida colectivamente, planificada para no agotarse en si mismo sino en el servicio social y programado, evaluada y preprogramada o incluso reformulada en cualquier momento por la participación de la base. Esta última dimensión, la más ambiciosa de una "alternativa", no ha sido experimentada en su radicalidad en ninguna parte: queda como hipótesis abierta, de difíciles presupuestos sociales y políticos, por no hablar de los culturales, y de dificilísima ejecución en escalas realmente correspondientes al nivel de los Estados Nacionales y sus políticas tradicionales de tipo centralizado y burocrático. Desde luego, obliga a redefinir la conceptualización, de política y de planificación para acoger el enfoque de Wasteston y otros sobre planificación "desde abajo" y "de afuera hacia dentro". De esta manera, el choque producido por las tesis "pro-políticas de comunicación" sobre la conceptualización de las experiencias alternativas, solo es comparable al trauma sufrido por el concepto de política y por el de planificación al intentar recibir el caudal de proposiciones de una comunicación "participativa" en todas sus instancias.
4. Por ahora, para no ahondar demasiado, señalemos que:
a) Una comunicación "alternativa" definida provisoriamente como la que hemos descrito arriba, es necesariamente participativa, ya que este es el carácter que la define más hondamente, pero lo participativo no agota por si solo la definición.
b) No toda "Alternativa" comunicacional, ni mucho menos técnica, ni un simple uso alternativo de medios, masivos o no, constituye ni en todo ni en parte una comunicación alternativa acorde al modelo participativo.
c) Experimentos "rnicro" o unidades de comunicación alternativa sin pretensión globalizante al nivel macropolítico no constituyen verdaderos proyectos políticos de comunicación alternativo y hasta pueden convertirse en coartadas del sistema aunque su morfología relacional sea participatoria, independientemente del valor propiamente experimental de tales prácticas.
d) Los términos "comunicación horizontal" inducen a confusión, pues señalan solamente una parte de lo que debe ser un conjunto de procesos, desconociendo la actual existencia de redes, medios y procesos dominantes, masivos, unidireccionales, y la necesidad de ubicarse y definirse frente a ellos y no como complemento de los mismos. Por otra parte, mientras no se logre la absoluta descentralización de las tareas sociales la desaparición de la división social del trabajo y, por tanto, del Estado, es inútil hablar de "comunicación horizontal" salvo en pequeña escala, a nivel de simulacro o de experimento: se trataría de un paradigma, pero final, redención total, comunismo, etapa superior y definitivo, en fin, punto de llegada. La participación propuesta por un modelo bajo forma de utopía posible –y difícil- es una comunicación alternativa que baya dirigiendo las otras formas de seudacomunicación en el contexto de un proceso de liberación colectiva; por tanto, que absorba y redefina las formas verticalistas, transversales, oblicuas, paradójicas, etc, para restablecer el derecho de todos.
e) La "aldea global" Macluhaniana se coloca al extremo opuesto del modelo participativo, pues define la nueva comunidad en función de acercar lo lejano alejando lo próximo, cortando los lazos con las intermediaciones para abrazar una totalidad abstracta, mundial, superficial, vicaria, boba, de pura información y cero acción. Por ella, inútil insistir en las potencialidades de la técnica aunque tampoco se puede rehuirlo, si se puede retomarla como problema y no como solución, pensarla como objeto a neutralizar en tanto que generador de división social del trabajo y reproductor de las relaciones sociales y por tanto necesariamente sujeta al control político participativo de la comunidad.

2. Experiencias alternativas" en Venezuela

Como en todos los países de América Latina, en Venezuela se inician experimentos de pretensión alternativa en diversos momentos y ambientes, según coyunturas históricas diferentes:
a) La implantación de "alternativas" educativas a través del uso de medios masivos según el modelo difusionista, con el refuerzo-estímulo-ampliación de grupos ad-hoc no tuvo gran desarrollo en el país, ni en el momento de máximo prestigio del modelo ni en épocas posteriores, salvo algunos esfuerzos, como los de "Fe y Alegría" en Caracas y Maracaibo, y las experiencias de Radio Nacional-FUDECO en Barquisimeto relativas a radio-foros agrarios, ambos intentos realizados en los últimos años.
b) De todos formas, un movimiento relativamente permanente de apoyo a experiencias variadas se instala en ciertos grupos católicos, entre los que se destacan algunos grupos establecidos alrededor de ciertas parroquias urbanos de Caracas, en los años sesenta, grupos de investigadores como el Pellín, ya mencionado, y la iniciativa paralela de Cuadernos de Educación, perteneciente al mismo núcleo humano, también unido al grupo redactor de la revista SIC, excelente órgano periodístico contestatario católico. La revista boletín Comunicación, editada por el Centro Pellín ha servido de órgano de diseminación de tales experiencias y de su análisis, paralelamente a la labor análoga de los mencionados Cuadernos en el plano educativo. El Centro alienta y ayuda numerosos grupos de barrios y comunidades, suministrando programas audiovisuales (editados con sonido) facilidades (cassettes y dispositivos) y equipos prestados. En la actualidad, tales actividades revisten un cariz militante de crítica política en la mayoría de sus manifestaciones concretas.
c) Experiencias especialmente interesantes fueron las que comenzaron a producirse a fines de la década de los sesenta y sobre todo a partir de 1970, en parte al interior de un renacer de la lucha cultural popular, en parte como un relevo legal a la pérdida insurrección guerrillera de los sesenta, al calor de una lucha generacional de los más jóvenes que veían en los mayores de 18 guerrilleros fracasados, estudiantes librescos y burgueses de corazón en sus comportamientos últimos. los más jóvenes probaban la marihuana, la libertad sexual, y la preocupación política después de haber transcurrido vidas seguras y consumidoras, de haber ensayado la violencia en agresivas "patatas" callejeras y de comenzar a confraternizar con el hampa común en cuchitriles innombrables. Algunos habían sido militantes o más bien, hermanos o amigos de militantes de la izquierda "alzada" que comenzó sus avatares con la guerrilla urbana de las U.T.C. (unidades tácticas de combate) en 1961 –primera experiencia de lucha urbana subversiva en Suramérica- y que luego se transformó en guerrilla de montaña y en "foquismo". La nueva "revolución" desconocía y cuestionaba tales antecedentes, se definía generacionalmente en un país en el que la gran mayoría de la población tiene menos de 16 años, se proclamaba "Poder joven" se postulaba como vivencia y cultural. En la órbita de hippies , cercanos a los provos holandeses, su misión principal consistía en épater le bourgeois con incesantes pintas eróticas, surrealistas, arbitrarias en las paredes de las urbanizaciones de la mediana y alta burguesía de Caracas, o en los muros de la Universidad, escenario de una "renovación" furibunda y anárquica que cuestionaba métodos, profesores y autoridades. El partido comunista venezolano, derrotado por los armas, en un intento de vuelta a la legalidad, amenaza con dividirse y esa división tiene mucho que ver con el enfrentamiento generacional que mucho antes había sacado a las juventudes de "cabezas calientes" de Acción Democrática y del partido socialcristiano COPEI para acercarlos a la insurrección armada (MIR, izquierda cristiana etc); esta vez parecería que el Poder joven había penetrado a las organizaciones revolucionarias, y en efecto así sucedía por un ambiente generalizado de revisión. En tal contexto se generan, entre otras, dos experiencias que vale la pena reseñar brevemente: la revista Reventón y la experiencia del cine de cortometraje alternativo representado por el grupo Cine Urgente, Elegimos esas experiencias entre otras por su carácter paradigmático, sin que ello implique juicios de valor adicionales a dicho criterio.
El caso "Reventón" es significativo sobre todo por su estilo y contenidos, más que por una verdadera caracterización alternativa, aunque su público, mayoritariamente joven, significó un cambio cualitativo en las publicaciones periódicos del país. La revista, impulsada por un grupo joven en el que destacan entre otros, Carlos Ramírez Faría, Pablo Antillano, y Raúl Fuentes, rompe todos los esquemas: lenguaje absolutamente descarnado, incluso soez, temas prohibidos, denuncias violentas, burla abierta a la autoridad, a los grandes notables de las finanzas y del gobierno, en fin, ruptura con interdictos y tabúes, hasta que ciertas denuncias involucradas de integrantes de las Fuerzas Armadas colman la medida y envían a prisión y al exterior del país a los responsables. Pero el estilo gráfico, la burla sin límites la agresividad de le¡ publicación -cuya duración apenas rebasó el año- marcaron la pauta para que en tono menor otras publicaciones siguieron similar orientación y para marcar de paso a todo el periodismo crítico ulterior. Debe decirse que es allí donde aflora un hecho capital en la comunicación interpersonal en Venezuela: la ruptura progresiva, pero radical de las jóvenes generaciones con el lenguaje paterno y la utilización de una lengua gruesa, un habla "liberada" incluso grosera y obscena, que se va aceptando, primero entre compañeros de ambos sexos y luego entre todos los jóvenes, hasta que finalmente contamina otros estratos e invade el habla corriente del país, desapareciendo casi el "doble lenguaje" convencional hombres-mujeres-formal-informal público- privado. El cine de ficción en Venezuela recoge la novedad en los años setenta y la extiende a la actuación -naturalizado al máximo- y a los temas y personajes, contaminando seguidamente a las telenovelas, que si bien no asumen el lenguaje escatológico, si recogen las nuevas modalidades hasta donde pueden. En este sentido Reventón representa más un síntoma del proceso que una causa autónomo del mismo. La relación de Reventón con el Poder Joven no se explicitó abiertamente, pero la similitud es evidente: El Poder Joven golpeaba verbalmente desde la sombra de una anónima pertenencia a un movimiento que no tenía jefes por definición y que, cuando tenía, los identificaba con nombres de frutas o legumbres, como alguna vez pretendió hacer Simón Rodríguez -el afiebrado maestro del libertador abandonado las sierras.
Igual sucede, desde un punto de vista más pretencioso, con la experiencia de Cine Urgente, emparentado igualmente con esa necesidad de cuestionar jefes, autores y productores. Cine Urgente, emparentada igualmente con esa necesidad de cuestionar jefes, autores y productores. Cine urgente nace al calor de ese transito de cierta militancia del P.C; pasando por el II Manifiesto italiano y por la decepción, por el poder joven y por los primeros relentes feministas "científicos", que luego se institucionaliza en el Movimiento al socialismos MAS, actual "tercera fuerza" en la política de partidos, aunque a respetable distancia de las dos grandes organizaciones del status.
Cine Urgente aparece en 1968 con altibajos subsiste hasta 1973, con un proyecto concreto de cine de movilización política mediante la participación directa del público que a la vez es objeto y tema -con sus problemas específicos- del trabajo cinematográfico. El equipo estaba formado por Jacobo Borges, Josefina Jordán, Franca Dando, Pedro Martínez, Luis Luksic, Emilio Ramos y otros. Se trabajaba sobre el establecimiento de contactos en los barrios de "ranchos" de las montañas y cerros que rodean a Caracas, Petare y Guarenas. (Zona metropolitana del gran Caracas) y se filmaban los problemas más álgidos, con frecuencia un solo asunto, se estimulaba la participación de los involucrados en una acción a la vez crítica y de acción directo y concreto para atacar el problema; los resultados filmados se proyectaban ante protagonistas y vecinos y servían a la vez para una nueva dimensión de la discusión y para ampliar el número de los interesados; sucesivamente al proceso se repetía en tanto fuese necesario para una incorporación a las luchas concretas mientras perdurase el problema, manteniendo luego la relación y llegando en una etapa avanzada o dejar en manos del protagonista colectivo-público de si mismo la continuación de las experiencias. Tal era el proyecto, que en su primera etapa logró realmente esa circularidad aceleradora de participación, en la que en el cine se hacía un pretexto para una movilización primero concreta y luego más consciente y general. Protagonista-público, a la primera atracción narcisista sucedía una dominancia de la discusión y un agudizamiento de las posiciones; finalmente el proceso se subsumía en una protesta organizada, o en una lucha como la que acompañó a los habitantes de ciertos barrios de Guarenas en su enfrentamiento a la empresa de energía eléctrica concesionario de la municipalidad: allí, por ejemplo, el cine sirvió para penetrar en la sola del cabildo, a donde no dejaban entrar a los pobladores, y hasta para develar, o sorprender conversaciones y declaraciones de personalidades involucrados. De esta manera, la denuncia y la agitación se ensamblaban en un libelo acusador con la ventaja del proceso participativo, repetitivo, casi sin fin, del montaje continuo. Desde luego, lo que describimos no se realizó siempre de manera perfecta y controlado, ya que las vicisitudes del equipo y la azarosa vida misma de los ranchos no facilitaban la continuidad del proceso ni la persistencia del proyecto mismo; pero como visión teórico-práctica de una comunicación alternativa y en tanto que experiencia pionera probablemente en toda América latina, el ejemplo de Cine Urgente es altamente significativo. Con María de la Cruz, un film de denuncia sobre la condición de la mujer en los ranchos de Jordán-Donda, concluye el ciclo vital de esa experiencia en 1973. Ulteriores intentos, realizados con Video portátil en años recientes no han logrado insertarse de igual manera en la problemática social ni generar una dinámica propia para contribuir a enfrentarla, quizás porque tales intentos provenían de grupos de menor beligerancia, en coyunturas menos apropiados y sin proyecto político (4).
d) Otras experiencias recientes son interesantes, en especial la proliferación de órganos periódicos impresos de barrios o zonas urbanas, dedicados a problemas específicos y a la defensa de los intereses de sus habitantes; algunas de estas publicaciones tienen características de impresión, tiraje y distribución que las convierten en verdaderos periódicos. La proliferación por otra parte de Juntas de vecinos o Comités de barrio, especialmente en ciertas urbanizaciones de clase media y media-alta pero también abundantes -y cada vez más en barrios populares, ha generado la aparición de fenómenos de comunicación grupal altamente interesantes, así como iniciativas de reacción contra excesos de actividades comerciales, defensa del medio ambiente, análisis crítico de la programación de televisión infantil, combate por canchas deportivas, etc, en algunas de las cuales han aparecido formas de cohesión y de diseminación originales.
En los años 70, la vía sembrada por Antonio Pascuali desde 1963 deriva hacia una nueva temática en la que el propio Pasquali, junto a investigadores de la región como Luis Ramiro Beltrán, Romero Sanjinés, Carlos Ortega y otros, tuvieron bueno parte de la responsabilidad de su elaboración y diseminación, bajo el patrocinio de la UNESCO. Las Políticas de comunicación se convierten de pronto en un gigantesco campo de batalla entre los adalides de la empresa privada, empañados en temer la estatización de los medios, y los zarandeados investigadores y planificadores, sacudidos entre embates de los medios y marchas y contramarchas de los gobiernos. La primera batalla en forma –y pareciera que también la última- de esa guerra ideológica fue la famosa Conferencia de Costa Rica, en la que Venezuela hacía un bonito papel de líder para las graderías, mientras claudicaban sus gobernantes en todo tipo de concesiones a la empresa privada de la difusión masiva en la política interna (5). El desarrollo del tema de los políticas de comunicación no se queda en Venezuela en mera composición teórica, sino que va a manifestarse en diversos documentos y propuestas a lo largo de más de doce años de luchas, desde los ante- proyectos de Ley de Cine de los primeros Tres encuentros nacionales, hasta el famoso Proyecto RATELVE elaborado en 1975 por el Comité Ad-hoc de la Comisión preparatoria del CONAC, y culminando en los últimos años con la revisión de la propia relación investigación toma de decisiones que va a generar toda una serie de radicales revisiones autocríticas de la labor y función de la investigación, las que luego de marcar el tono general de las conclusiones del III.
Encuentro de Investigadores de la Comunicación celebrado en Caracas, en Noviembre de 1976, se reflejarán con igual intensidad en las deliberaciones de la Reunión de Expertos en Panamá de diciembre 1978.
La aguda conciencia -o más bien malestar- de los investigadores que trabajaban en esa vertiente de la planificación de la comunicación social se concretaba en la dificultad de ofrecer un modelo que fuese capaz de superar la actual organización difusiva comercial predominante de los medios y procesos de comunicación masiva y el tremendo poder allí acumulado sin rendirse a un estatismo no solo difícil de defender incluso peligroso en una formación social que no ha podido darse bases para una reordenación de sus estructuras económicas y políticas, y en la que el Estado es una excrecencia especializada de la distribución del ingreso nacional hacia las clases dominantes. Allí entran a jugar los conceptos dialécticamente enlazados de acceso participación así como la concepto globalizante de un derecho de la comunicación -que desde Costa Rica va desarrollando progresivamente, aportes como los de Harms, Cocca Richstadt, etc., y más allá del aspecto morfológico de la relación comunicativa, también se plantea el aspecto propiamente político de la toma de decisiones, asunto que se ataca con la propuesta de los tan debatidos "Consejos Nacionales de Comunicación". De esa manera empiezan a tenderse puentes inevitables entre el modelo desdibujado de las experiencias "alternativas" y el modelo repujado y nuevo de la política comunicacional. Pero puentes temblorosos, equívocos y sumamente resbaladizos para ambos bandos a la expectativa en las riberas respectivas. Pues las cosas comienzan a suceder como si en efecto, las "políticas" no sen sino una interminable discusión, una moratoria infinita a la transformación real, una burla o triquiñuela del poder; y es que, manipulando investigadores ansiosos, jugando al tercermundismo, engatusando a la UNESCO, los gobiernos latinoamericanos se daban zarpazos de cachorros con los dueños de los medios y con las transnacionales de la información, para mejor establecer obligaciones y compromisos respectivos a espaldas de dossiers, pruebas, alegatos, diagnósticos aterradores e investigaciones de toda índole que ponían en el banquillo de los crímenes sociales los empresarios de los medios, de la publicidad y de la información, solo atentos a servir a sus congéneres de la gran empresa anunciante transnacional.
El desconcierto en las filas de la investigación hace en ese momento volver los ojos a una lucha organizacional al margen del poder público, y por allí se dibujan nuevamente puntos de contacto con las experiencias de comunicación paralela, horizontal o alternativa que seguía pacientemente reproduciéndose. Los propugnadores de políticas comienzan a reiniciar el viejo llamado a la unidad de los gremios, de los interesados e involucrados en el problema, de los usuarios, de los científicos sociales y de todas las criaturas de buena voluntad. Por su parte, en el campo de los experimentadores sociales la gran fiebre de fines de los sesenta ha pasado sin mayores consecuencias: aunque se continúa trabajando y como hemos dicho "reproduciéndose", los promotores de la comunicación alternativa se cuecen en su propia salsa sin lograr dar el gran salto, sin obtener la irrupción de "la gran tarde" en el ominoso horizonte del control de las conciencias.

3. ¿ Contracción o síntesis?.

Y es en esa coyuntura que comienzan a plantearse problemas como los que hemos venido anunciando en títulos y subtítulos de este trabajo; problemas que por cierto van a reaparecer con la eclosión del tema del Nueva Orden Internacional de la Información a partir de ese año de 1976 en que, conjuntamente con la Conferencia de Costa Rica, se celebraba el Simposio de Túnez, de los No Alineados y se comenzaba a plantear la necesidad de un flujo equilibrado de la comunicación internacional. Los problemas en cuestión se refieren a la dificultad de encajes de los proyectos autogestionarios, descentralizantes, de pequeña escala y de contestación política que caracterizan al modelo general de la comunicación alternativa (admitiendo las ambigüedades y confusiones que hemos antes señalado) con los macroproyectos, planificados, en general centralizadores y de gestión mediada, compatibilizados con Estados de democracia formal y reformismo paternalista, que caracterizan a las propuestas de políticas de comunicación. El punto nodal, la cuestión del acceso y la participación como relación dialéctica, si bien constituye la inserción del sistema massmediático en una posibilidad de reacomodo alternativo, no restablece la calma en los puristas de la comunicación participativa de pequeñas comunidades o grupos: ¿cómo enfrentar la autogestión, la verdadera participación, en el seno de aparatos institucionales, gigantescos, imbricados en estructuras económicas y conectados o la sociedad entera por insospechados * incontrolables vasos comunicantes, por inconfesables cordones umbilicales? Complementariamente -y conflictivamente también- los funcionarios, los planificadores y los investigadores adictos a la programación -en cualquiera de sus modalidades rígidas o flexibles- se aterran ante las perspectivas de esos procesos que como ruedas locas desafían la planificación, los objetivos y las metas. (6)
Las proposiciones teóricos para asegurar la participación a todos los niveles tanto en las tomos de decisiones previas, como en la función y operación de medios y procesos como finalmente es programación –en el caso de medios masivos-- tropiezan con la gran duda de todos los proyectos no probados; Y es que las políticas de comunicación no han sido rodados realmente en ninguna parte; al menos, esas políticas posibles nacidas del proyecto democrático participativo que se viene gestando desde Costa Rica.
Más allá de su carácter táctico y sus beneficios de apoyatura, la viabilidad del tamdem investigación-toma de decisiones se revela como muy endeble: los gobiernos utilizan la investigación de acuerdo a coyunturas de sus propias relaciones tácticas con los sectores sociales dominantes, a los cuales, en última instancia, deben obediencia y con los cuales solo se mantienen divergencias de oportunidad o de interés en la medida en que el estamento partidista-burocrático ha adquirido autonomía relativa como para incorporarse o pretender hacerlo en un reparto de parcelas de poder propio en la propia estructura económica o en la gestión financiera de los asuntos generales asignado al Estado, o en la búsqueda de un espacio político de mediación que asegure la oportunidad de ese estamento, en tanto necesario instrumento para la reproducción ampliada de la totalidad. Esa constatación y la que paralelamente reconoce una limitación de escala y una crisis de crecimiento de los ensayos alternativos, amén de percibir la estrecha relación del auge de tales experiencias con coyunturas de crisis social específicas, llevan a replantear al tomo central bajo otra perspectiva: ambas experiencias deben fundirse en una praxis más ambiciosa, que aglutine el esfuerzo teórico de las políticas y aún del NOII con el efecto demostración no solo de las experiencias limitados hasta ahora emprendidas, sino de una labor de movilización que constituya fuera del Estado las protoinstituciones que a la vez que figuren la futura política, trabajen en la presión, la organización y aún el boycot y la acción directo para instaurar tendencias irresistibles, dentro del marco de una movilización más general, pero con el mismo carácter permanente y paciente que ha tenido la práctica de investigadores y
experimentadores en el seno de las dos tendencias que hemos reseñado.
La cuestión queda abierta y de esta manera el paradigma participativo: programas descentralizados / reversibilidad de los polos emisor-receptor / movilización popular / interacción de los participantes / aprendizaje político / producción colectivo / control socializado por organizaciones autogestoras / independencia relativa de la técnica / queda en espera de su realización macrosocial.

4. Política nacional o proyecto nacional de comunicación

Sin embargo, el doble "fracaso relativo" de las dos tendencias pone de relieve que su principal rasgo en común es el de no tomar en cuento a la otra: en realidad, no hay -o no debería haber- verdadera "comunicación alternativa" sin un proyecto alternativo de organización social, lo que implica a la vez un proyecto político y una estrategia para lograr dicho proyecto (atención: no queremos decir manejos maquiavélicos, sino una verdadera estrategia social que excluya el engaño y la manipulación, por más "bien intencionados" que éstos sean). Ello quiere decir que toda proposición globalista que propugna una comunicación alternativa, está obligada a considerar el tema de la política, y particularmente, el de una "política" en especial; la política de comunicación (que puede ser dominada perfectamente política cultural, o política ideológica). Así, un proyecto de comunicación alternativa presupone un proyecto político, si no se quiere que la interacción comunicativo que se propone sea un mero juego quasiautónomo, onanista, en el que la deliberación incesante tuviese poco que ver con la verdadera toma de decisiones, estableciendo un autismo que cree dirigir y determinar cuando es dirigido y manipulado.
De igual manera, el movimiento propugnador de políticas de comunicación debe saber que el diseño globalista no sirve a ningún fin que no esté precedido de algún tipo de experimentación social, de intervención política de los sujetos sociales, de algún tipo de implantación, si no al margen, por lo menos en filigrama oportuna con la lucha oficial u oficiosa que el debate político de alto nivel busca establecer.
Una política de comunicación, para los que luchan por un cambio social profundo, no puede sino estar inscrita en un proyecto que la trasciende, y que es, por lo menos, un proyecto nacional de comunicación. Decimos "por lo menos", porque es también, e indefectiblemente, un proyecto político de reorganización social, de definición de la intervención de los sujetos sociales, de fijación de nuevas reglas que deben servir a la tomo de decisiones; proyecto que debe aparecer deslindado en sus líneas esenciales para que no pueda ser objeto de manipulación ni de recuperación tal manera, la política nacional de comunicación aparece como un componente estratégico de un proyecto político global (no partidista) que en el concreto se caracteriza por el objetivo de la democratización real, y comprende un proyecto comunicacional-cultural participativo y un proyecto de toma de decisiones democráticas. Ese nuevo proyecto nacional de comunicación, es pues, parte un cambio decisional y de un cambio definitivo de las relaciones sociales solo como tal puede ser cabalmente comprendido. Entonces, las políticas que se propugnan en el terreno de la comunicación, son aquellas que contribuyan a establecer una verdadera democracia de palabra, un proyecto nacional futuro, más perfecto que la política misma en tanto estrategia, pueda lograrlo. A partir de la realización ese modelo nacional es que deberán redefinirse las nuevas políticas futuras destinada perfeccionar la interacción de los sujetos sociales en los procesos de producción, circulación y reproducción del sentido, en función de sus reales intereses y, por tanto, son ineludibles incidencia la toma de las decisiones fundamentales, de la sociedad.
Pero para imponer tales "políticas", o para hacerlas factibles a través de una toma de decisiones de índole general, las practicas de la "comunicación alternativa" en su infinita variedad- en sus errores, oposiciones , encandilamiento tácticos y otras manifestaciones aberradas- vienen a constituirse en un material vivencial fundamental, insustituible, que debe seguir trabajando en procesos cada vez más autocríticos de experimentación, y que deberá dar testimonio fehaciente de la posibilidad real de formas y modos comunicativos ineludibles en una nueva sociedad, en cualquier proyecto político renovador, en cualquier iniciativa social experimentadora. De tal manera, las prácticas alternativas, participatorias, paralelos, etc. -poco importa el nombre deberán inscribirse en la necesaria incisividad social que las haga claramente diferenciados de todo intento recuperador por lo pequeño, por lo lúdico o por lo "auténtico"; pues tales categorías definen en .general la falta de inserción de ciertos experimentos en un proyecto político globo¡ que implica como su componente esencial una nueva definición de las formas de comunicación social, en suma, una nueva convivencia

5. Notas

[1].Véanse especialmente los números 14, 15 y 23 de la revista Cuadernos de Educación Publicación mensual de Laboratorio Educativo, institución en la que se agrupan muchos de las mismas personas que integran otros centros católicos de izquierda, como el Centro de Comunicación Jesús Moría Pellín, que elabora un boletín -citado en este trabajo - con características monográficas de diseminación parecidas; y como el Centro Gumilla que genera una de las mejores revistas de critica radical sobre sociedad, economía y cultura, la revista SIC. Ugalda, Rey, Martinez Terrero, Aguirre y otros, profesores de la Universidad Católica, jesuitas, con algunos de los animadores de estas experiencias entrelazados; a uno de ellos, especialmente Aguirre, se debe la colaboración que sigue a ésta.
[2].Tu revolución cultural, las tendencias neohedonistas, roussonionas, y ecológicas, de algunos grupos americanos, la contestación radical del mayo francés, con repercusiones teóricos ulteriores en el temo que nos ocupa de la importancia de los tesis de Baudrillard, y en general la efervescencia estudiantil y juvenil se inclinarán más, desde los años finales de la década de los 50, hacia la demolición del modo de vida, comprendido como totalidad burguesa y por tanto, uno de sus blancos preferidos vino a ser la televisión, como paradigma de la massmediatización.
[3].lbid. nota (1). Desde luego, trabajos como los de Díaz Bordenave son importantes para el análisis crítico de esas experiencias, especialmente en el campo de la extensión y comunicación rural y agrícola. Muchos trabajos han analizado, por otro porte, la importante experiencia de las escuelas radiofónicas y de los radioforos en América latina, especialmente en Colombia, en donde las radio-escuelas pasaban de 16.000 en 1965, sirviendo a un número aproximado de 130.000 estudiantes en su casi totalidad habitantes de zonas rurales. El número 23 citado de C. de Educación incluye una largo lista de trabajos: Schmelke, Roads, Piper, Martin, Hayens. Los publicaciones de ALER suministran también algunos datos de importancia.
[4].En el número 14 de la revista Cine al Día de Caracas, al analizarse con carácter retrospectivo y a la vez actual -año 1971 -el movimiento cinematográfica documental de denuncio y agitación, se incluían declaraciones autodefinitorias de los diversos grupos: allí puede encontrarse un pequeño manifiesto elaborado por Jacobo Borges. Es bueno señalar que Borges y los otros integrantes de cine urgente habían participado en una interesantísimo experiencia multimedia de pretensión "participativo"; el espectáculo imagen de Caracas, combinación de recinto arquitectural ad-hoc, cine gigante en que la mismo secuencia se repartía en pantallas múltiples que rodeaban a los espectadores, movimientos de actores y figurantes que saltaban desde los techos. circo, sonidos, música, proyecciones complementarios en diapositivas continuas, etc. Esta experiencia babilónico, o mas bien babelónica, tenía pies de barro; la municipalidad que la patrocinaba le retiro el apoyo, fue cerrado y disperso. Quedaron las enseñanzas, y el análisis de la experiencia. Cine Urgente surge poco después de ese fracaso.
[5]. Véanse el Informe Final de la Conferencia editado por UNESCO, y para la critica Actas de¡ tercer Encuentro de Investigadores-de la Comunicación, ININCO, Caracas 1977 Capriles Oswaldo: El Estado y los Medios de Comunicación en Venezuela, SUMA, Caracas, 1976, en la parte final titulada "Epílogo provisional"; igualmente trabajo del autor en la recopilación de Ruiz Eldrege editado por ILET-Nueva Visión de los trabajos del Seminario de Amsterdam sobre el Nuevo Orden Internacional de la información, (realizado en 1977) y titulado El Desafío de la comunicación Internacional (México, 1979).
[6] El acceso se define, desde Costa Rica, como Ia posibilidad para todos los miembros de una comunidad, de tener acceso constante igualitario a todos los mensajes generados por todos los medios y canales de comunicación existentes en un momento dado en esa comunidad; Desde luego, se trato de la virtualidad y no del acceso simultáneo a todo mensaje o medio, lo que seria imposible: se trate de un derecho bajo forma de posibilidad permanente. La participación se puede definir en esa misma perspectiva como la posibilidad permanente asegurado a todos los miembros de una comunidad de tornar porte activa en las decisiones concernientes a medios y procesos de comunicación, a programación, y a participar en la producción de los mensajes. La dialéctica entre ambos polos surge de la imposibilidad de estor "en acceso" (público) mientras se "participa" (producción) y viceversa.